Sic et Non

6 de enero de 2015

Premio Anticicerón 2014





Y como todo año que finaliza, es el momento de poner el cierre al mismo en este blog con el premio Anticicerón 2014. Lo cierto es que no ha sido difícil conceder este insigne premio que reconoce al peor momento en lo que a comunicación se refiere en España.

La afortunada no ha aprendido, ya que fue merecedora del Anticicerón del 2012. Ana Mato ya apuntaba maneras hace dos años en lo que a falta de aptitud y actitud para un cargo como el de ministra se espera. De hecho, podéis leer el análisis de ese año en 

La ahora ex ministra, debe su pérdida del cargo a su mala gestión de la crisis del ébola, y a su evidente mala comunicación en una situación de crisis sanitaria como la sufrida en 2014. Todas sus intervenciones son un claro ejemplo de lo que nunca debe hacerse en una comunicación de crisis.

Primero, afirmó en septiembre que el Ébola nunca llegaría a España! y ya se sabe que en política, siempre que hay probabilidad de que algo ocurra, acabará ocurriendo. 

Segundo, esta crisis vino a ejemplificar el problema de tener en un cargo a una persona que no domina la materia en cuestión, ni técnica ni retóricamente hablando. Su falta de formación en ambos campos dejó patente su falta de preparación. Pero lo que es peor, visualizó a todos los españoles que la responsable de solucionar el problema, no dominaba la situación, sino al revés, la situación le dominaba y cada día le desbordaba más y más. Y si ya en una situación de liderazgo, esta es una premisa esencial, dominar la escena; en una crisis ya no digamos.

Mis alumnos están cansados de oírme decir lo importante que es que el líder de la manada arroje seguridad y confianza, no solo en el mensaje, sino incluso más importante, en la forma. Y ahí es donde Ana Mato se hace más que merecedora del premio Anticicerón.

Para ello, analicemos la rueda de prensa en octubre, en la que rodeada de cargos del Ministerio,  ella evita responder a todas las preguntas dirigiendo con la mirada quien de dichos cargos debería responder. De hecho podemos observar e incluso escuchar sus súplicas en baja voz y casi sin mover los labios, cual ventrílocuo maneja uno de sus muñecos parlanchines, para que otros fueran contestando a los periodistas.

Sus gestos nerviosos con el papel, el bolígrafo, la simulación de que escribe notas en el papel, sus miradas desesperadas en busca de auxilio, reflejaron su falta de seguridad y preparación. Resulta increíble, que en situaciones así, un ministro no prepare con su equipo una batería de respuestas y de mensajes coherentes y preparados con antelación. Una vez más, observamos una puesta en escena comunicativa dirigida por la improvisación y la usual mediocridad retórica de nuestra clase dirigente. Hasta tal punto, que días después tuvo que ser la vicepresidenta del Gobierno quien asumiera la gestión de la crisis. Ana Mato tenía pues ya los días contados en el Ministerio de Sanidad, y todo por no darle importancia, una vez más, a la comunicación.

Por todo ello, Ana Mato vuelve a ser merecedora de este insigne premio Anticicerón.



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